La Matanza · Buenos Aires

Día Nacional de la Juventud

A 50 años de la Noche de los Lápices, la memoria sigue viva

Se cumplen 50 años de los secuestros de estudiantes secundarios en La Plata durante la dictadura. Seis jóvenes siguen desaparecidos y cuatro sobrevivieron para contar lo ocurrido.

Por Editor
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Marcha por la Noche de los Lápices con pañuelos blancos y carteles de estudiantes
Marcha por la Noche de los Lápices con pañuelos blancos y carteles de estudiantes

Este miércoles 16 de septiembre se cumplen 50 años de la Noche de los Lápices, el operativo con el que grupos de tareas de la última dictadura cívico-militar secuestraron a estudiantes secundarios de La Plata entre el 16 y el 21 de septiembre de 1976. La mayoría tenía entre 16 y 18 años y militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y otras organizaciones políticas. Fueron llevados a centros clandestinos de detención como Arana y el Pozo de Banfield, donde fueron torturados.

La fecha se convirtió con los años en uno de los episodios emblemáticos para entender la represión sobre la juventud organizada durante la dictadura. En 2014, el Congreso de la Nación sancionó la Ley 27.002, que estableció el 16 de septiembre como el Día Nacional de la Juventud en conmemoración de aquellos secuestros. Medio siglo después, los nombres de los desaparecidos siguen presentes en las aulas, las plazas y las calles.

Los jóvenes que permanecen desaparecidos son Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, María Clara Ciocchini, Horacio Ungaro, Daniel Racero y Claudio de Acha. Otros cuatro sobrevivieron: Gustavo Calotti, Emilce Moler, Patricia Miranda y Pablo Díaz. Sus testimonios fueron fundamentales para reconstruir lo ocurrido en aquellos días de septiembre de 1976.

Durante años, la historia quedó asociada principalmente al reclamo por el Boleto Estudiantil Secundario. Sin embargo, investigaciones y testimonios de sobrevivientes permitieron complejizar esa explicación. Las movilizaciones por el boleto habían ocurrido en 1975, durante el gobierno constitucional previo al golpe de Estado. Algunos de los jóvenes secuestrados habían participado de aquellas protestas, pero también tenían militancia política y estudiantil. Emilce Moler, sobreviviente del operativo, explicó que durante su secuestro nunca fue interrogada específicamente por el boleto, sino por su militancia en la UES. La Comisión Provincial por la Memoria también señala que la represión alcanzó a numerosos adolescentes y jóvenes de distintas partes del país.

La historia de aquellos estudiantes permite observar el lugar que ocupaba la juventud en la Argentina de los años 70. Eran estudiantes, militantes, hijos, amigos, con proyectos personales y colectivos, que participaban en sus escuelas y discutían sobre el país que querían construir. La dictadura convirtió esa participación política y social en un motivo de persecución, y las escuelas, que habían sido espacios de organización, también fueron alcanzadas por las políticas represivas del régimen. Por eso, la Noche de los Lápices no puede entenderse únicamente como el relato de una noche: fue parte de un dispositivo represivo y genocida mucho más amplio.

En marzo de 2024 finalizó el juicio oral y público iniciado en octubre de 2020, en medio de la pandemia de Covid-19. El Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata analizó las responsabilidades del Ejército a través de la Brigada de Infantería Mecanizada N° 3 con sede en La Tablada, a cargo del área 112 que abarcaba los partidos de Avellaneda, Lanús y Lomas de Zamora, entre otros, y del aparato de inteligencia a partir del rol del Destacamento 101 de La Plata. También se indagó el papel del gobierno dictatorial en la provincia y el accionar de la Policía Bonaerense, entonces al mando del represor Ramón Camps, fallecido en 1994, quien había sido condenado en 1986 e indultado en 1990. Miguel Osvaldo Etchecolatz, exdirector de investigaciones de la Bonaerense y subordinado de Camps, murió en mitad del juicio.

Los jueces Ricardo Basílico, Walter Venditti y Esteban Rodríguez Eggers dictaron diez perpetuas a Federico Antonio Minicucci, Guillermo Domínguez Matheu, Roberto Balmaceda, Jorge Héctor Di Pasquale, Carlos María Romero Pavón, Jaime Smart, Juan Miguel Wolk, Jorge Antonio Bergés, Horacio Luis Castillo y Carlos Gustavo Fontana. Medio siglo después, los nombres de Claudia, Francisco, María Clara, Horacio, Daniel y Claudio siguen volviendo a las aulas, a las plazas y a las calles. Aquellos jóvenes no fueron solamente víctimas: fueron estudiantes que participaron, se organizaron y expresaron sus ideas en una época en la que hacerlo podía convertirse en una sentencia.

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