Propuesta de descentralización
Impulsan trasladar la capital bonaerense a Junín y reabren el debate
El exdiputado Miguel Saredi y el ensayista Luis Gotte proponen que Junín sea la nueva sede del Ejecutivo provincial. La iniciativa busca descentralizar el poder y fortalecer el interior bonaerense.
Una propuesta impulsada por el exdiputado nacional Miguel Saredi y el ensayista Luis Gotte reabrió el debate sobre la capital de la provincia de Buenos Aires. La iniciativa plantea trasladar a Junín la sede del gobernador y parte del Poder Ejecutivo, con el objetivo de descentralizar las decisiones y fortalecer el interior productivo.
La idea, desarrollada en el libro Junín, capital de los bonaerenses, publicado por Editorial Dunken, no se limita a una mudanza edilicia. Sus autores la presentan como una estrategia de reorganización territorial que busca acercar el centro de decisiones a las zonas productivas y reducir la concentración política y administrativa alrededor del Área Metropolitana de Buenos Aires.
Entre los argumentos esgrimidos se destaca la ubicación de Junín en el corazón de la Pampa Húmeda, su conexión con corredores viales y ferroviarios, y la presencia de instituciones vinculadas con la educación, la salud, la industria, la producción agropecuaria y la innovación. Para los impulsores, una capital localizada en el interior podría funcionar como herramienta para fortalecer las denominadas ciudades intermedias y generar un esquema territorial menos dependiente del conurbano.
El esquema planteado ubica a Junín, Tandil y Bahía Blanca como puntos relevantes de un corredor de desarrollo, mientras que otras localidades del interior, entre ellas Trenque Lauquen, Chivilcoy y Olavarría, tendrían funciones vinculadas con la producción, la industria, la tecnología y la actividad agroalimentaria.
El trasfondo de la discusión es la histórica diferencia entre el conurbano y el interior bonaerense. Mientras los grandes centros urbanos del área metropolitana enfrentan problemas derivados de la elevada densidad poblacional y la presión sobre infraestructura y servicios, numerosos municipios del interior buscan frenar procesos de pérdida de habitantes y fortalecer sus economías locales. Desde la perspectiva de Gotte y Saredi, ese desequilibrio requiere una revisión del modelo institucional.
La Plata, por su parte, no fue elegida como capital de manera accidental. Su origen está directamente relacionado con la necesidad de la provincia de contar con una nueva sede gubernamental después de la federalización de la ciudad de Buenos Aires. En 1881, durante la gestión de Dardo Rocha, comenzaron los estudios para localizar y proyectar una nueva capital, que finalmente se estableció en las Lomas de la Ensenada. La legislación provincial de 1882 dispuso la fundación de la ciudad, cuyo acto fundacional tuvo lugar el 19 de noviembre de ese año.
La Constitución bonaerense establece actualmente que La Plata es la capital provincial y que allí funcionan permanentemente el Poder Ejecutivo, la Legislatura y la Suprema Corte, salvo que una ley disponga transitoriamente otra cosa por causas extraordinarias. Por eso, un traslado permanente requeriría modificar el marco jurídico que sostiene a La Plata como capital y reorganizar el funcionamiento de los poderes provinciales.
Uno de los aspectos más interesantes del planteo es que la eventual pérdida de la condición de capital política no necesariamente significaría quitarle protagonismo a La Plata. La propuesta contempla que la ciudad pueda profundizar su perfil educativo, cultural, histórico y científico, mientras otras localidades asumirían funciones específicas dentro de una estructura provincial más descentralizada. La Plata posee además un patrimonio urbano excepcional, reconocido como bien de interés histórico nacional.
La cuestión de fondo es qué modelo territorial necesita Buenos Aires para las próximas décadas. La propuesta sostiene que trasladar parte del poder hacia el interior podría incentivar inversiones, promover el arraigo, fortalecer las economías regionales y otorgar mayor protagonismo a municipios que históricamente quedaron lejos de los principales centros de decisión. Sus críticos, en cambio, podrían cuestionar los costos institucionales, jurídicos, administrativos y políticos que implicaría modificar una estructura construida durante más de 140 años.
Por ahora, la iniciativa se mantiene como una propuesta de debate público desarrollada por sus impulsores y plasmada en su libro. La Plata continúa siendo legalmente la capital bonaerense, pero el planteo de Saredi y Gotte consiguió instalar nuevamente una discusión que excede a dos ciudades y toca uno de los grandes desafíos de la provincia: cómo equilibrar el peso del conurbano con las posibilidades productivas, demográficas y estratégicas de su extenso interior.