La Matanza · Buenos Aires

Nicaragua

Obispo Silvio Báez denuncia desde el exilio que Nicaragua es un país huérfano sin libertad ni justicia

El obispo auxiliar de Managua presidió una misa en Miami y presentó a un nuevo sacerdote ordenado en el exilio como símbolo de resistencia.

Por Editor
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El obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, denunció este domingo desde el exilio en Miami que Nicaragua “es un país huérfano por falta de libertad y justicia, al que han querido robarle la dignidad y el futuro”. Lo hizo durante una misa en la que presentó al recién ordenado sacerdote Cristhian David Mendieta, a quien definió como un signo de la vitalidad de la Iglesia católica nicaragüense pese a la persecución del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Mendieta, oriundo del municipio de La Concepción, en el departamento de Masaya, recibió la ordenación sacerdotal el sábado en la Catedral de Santa María de Miami, de manos del arzobispo Thomas Wenski. Fue ordenado junto a otros ocho diáconos para la Arquidiócesis de Miami, institución que lo acogió después de que la persecución del régimen le impidiera completar su vocación en Nicaragua. “Mi gente y mi pueblo los llevo en el corazón y ofreceré mi primera misa por ellos”, declaró el nuevo sacerdote, según ACI Prensa.

Báez, desnacionalizado por el régimen en 2023 y entre los más de 300 nicaragüenses a quienes la dictadura retiró la ciudadanía en los últimos años, instó al nuevo clérigo a no temer “ser siempre un padre para los pobres, los excluidos y las víctimas”. Recuperó además una exhortación del papa León XIV a los sacerdotes: que “la denuncia no se convirtiera en renuncia y que el peligro no los llevara a la fuga”.

El papa Francisco había ordenado a Báez en 2019 abandonar Nicaragua por razones de seguridad, tras descubrirse un plan del gobierno para atentar contra su vida. El papa León XIV lo confirmó en su cargo en 2025, refrendando su legitimidad eclesiástica frente a las presiones del régimen. Desde Florida, Báez ejerce un ministerio doble: acompaña a la comunidad de exiliados nicaragüenses y mantiene la denuncia internacional contra la dictadura.

La crisis entre el régimen y la Iglesia tiene raíces en las protestas de abril de 2018, cuando una represión gubernamental contra manifestantes que pedían una reforma previsional dejó más de 300 muertos, según la ONU. Las iglesias abrieron sus puertas a heridos y perseguidos, y el clero tomó partido por las víctimas. Ortega respondió tratando a la jerarquía eclesiástica como adversaria política, y desde entonces ha detenido, expulsado o desnacionalizado a sacerdotes y obispos.

Mendieta inició su formación en el Seminario Mayor Arquidiocesano La Purísima, en Nicaragua. Debió abandonar el país perseguido, cruzó Guatemala, llegó a Costa Rica y terminó recalando en Miami. Según el Colectivo de Derechos Humanos para la Memoria Histórica de Nicaragua, al menos 800.000 nicaragüenses —el 11,6% de la población— han abandonado o sido desterrados del país desde 2018. La ordenación de Mendieta es, en ese contexto, la constatación de que la Iglesia nicaragüense sobrevive donde el régimen la quiso extinguir.

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