La Matanza · Buenos Aires

Innovación agrícola

Maíz siberiano llega a la Patagonia y abre nuevas posibilidades productivas

Híbridos desarrollados para climas extremos en Rusia y Finlandia se probaron con éxito en el sur argentino, con rendimientos de hasta 10.000 kilos por hectárea.

Por Editor
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Híbridos de maíz desarrollados originalmente para climas extremos en Siberia y el norte de Europa comenzaron a probarse en la Patagonia argentina, con resultados que podrían transformar la producción agrícola de la región. La empresa Lilab SA, en alianza con la semillera francesa Laboulet Semences, realizó ensayos en 40 hectáreas distribuidas entre Neuquén y Tierra del Fuego, obteniendo rendimientos de entre 8.000 y 10.000 kilos por hectárea.

El proyecto nació de un desarrollo genético iniciado hace más de dos décadas. A comienzos de los 2000, Lilab trabajaba con Laboulet en la Argentina, pero la operatoria de importaciones y exportaciones se complicó y el foco se trasladó a Europa. Allí, la semillera francesa continuó seleccionando materiales para zonas extremas, como Rusia y Finlandia, a solo 400 kilómetros del círculo polar. Esos híbridos, no modificados genéticamente, son de tipo flint (grano duro) y tienen una temperatura base de 6 grados, lo que les permite germinar con frío y completar su ciclo en ventanas productivas de tres a cuatro meses.

“Se nos ocurrió probar, con la hipótesis de que esto también tenía que andar muy bien acá”, explicó a LA NACION Max Literas, uno de los fundadores de Lilab. La empresa vio en la Patagonia una oportunidad por el crecimiento de la ganadería, el avance del riego y la necesidad de intensificar los sistemas productivos. Los ensayos apuntaron a validar si el cultivo podía completar su ciclo y cosecharse, algo que en muchas zonas del sur no ocurre: el maíz se implanta pero no llega a madurar.

Las pruebas se realizaron en el norte de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, con riego por goteo o por manto. Los cultivos requieren 700 mm de agua durante el ciclo. En los materiales ultraprecoces, los rendimientos se ubicaron entre 8.000 y 10.000 kilos por hectárea, valores que en otras regiones pueden parecer moderados pero que en la Patagonia implican un cambio concreto: pasar de un cultivo que no se cosecha a uno que sí puede integrarse al esquema productivo.

El manejo no presentó grandes complicaciones: se usó fertilización moderada (entre 180 y 200 kilos de urea), baja presión de plagas y herbicidas habituales. La fecha de siembra clave fue entre mediados de septiembre y mediados de octubre, lo que permite cosechar entre febrero y marzo y liberar el lote antes. “En algunas zonas se puede empezar a plantear un doble cultivo anual”, señaló Literas.

Con estos resultados, Lilab decidió inscribir cuatro materiales este año —dos híbridos ultraprecoces y dos precoces— y prevé iniciar su comercialización en la próxima campaña. En una primera etapa, las semillas se importarán desde Francia, mientras se evalúa avanzar hacia la producción local. Para Literas, el proceso recién comienza pero “va a ser algo muy interesante”.

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